Como una continuación de nuestro trabajo anterior, hemos publicado un estudio que expande nuestros resultados anteriores.
Esta vez, no solo comparamos la lógica contra la emoción, sino que añadimos dos "pesos pesados" de la motivación humana: la presión social y los incentivos económicos.
Para entender qué funciona mejor en la comunicación para la movilización frente a dessastres diseñamos un marco con cuatro arquitecturas motivacionales:
Afectivo-Moral (Emoción): Conectar con la empatía y la urgencia.
Epistémico-Cognitivo (Lógica): Basarse en datos científicos y análisis de causa-efecto.
Normativo-Relacional (Social): Usar lo que hacen los demás (líderes o la comunidad) para generar presión de grupo.
Instrumental (Económico): Apelar al bolsillo, como el ahorro a largo plazo o la creación de empleos verdes.
Tras analizar a 200 participantes enfrentados nuevamente al escenario del colapso de la Antártida, los resultados arrojan cierta luz sobre nuestra psicología.
La emoción sigue siendo la reina. Al igual que en el estudio anterior, los argumentos emocionales mostraron un impacto persuasivo significativamente mayor que la lógica pur. Curiosamente, no hubo una diferencia estadística importante entre usar la presión social o el dinero. Aunque los incentivos financieros puntuaron ligeramente más alto, ambos fueron menos efectivos que la emoción para movilizar ante una catástrofe global.
